domingo, 9 de septiembre de 2012

Disminuir consumo de sal reduce la posibilidad de padecer cáncer estomacal



Un estudio determinó que 14% de los casos podrían evitarse si la gente limitara su consumo de cloruro de sodio a 6 gramos diarios .

Para muchos, la sal es lo que le da el sabor a las comidas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el reducir la cantidad que ingerimos podría tener múltiples beneficios para nuestra salud. Incluso, según revela un reciente estudio realizado por el Fondo Mundial para la Investigación de Cáncer (WCRF por sus siglas en inglés), el limitar su consumo evitaría 1 de cada 7 casos de cáncer estomacal.

“Esto coloca aun más énfasis en cambiar el estilo de vida para evitar que la enfermedad ocurra en primera lugar, por ejemplo reduciendo el consumo de sal y comiendo más frutas y vegetales”, afirma Kate Mendoza, jefa de información del WCRF, según informó la BBC. Cabe indicar que cada año un promedio de 800.000 personas mueren al año en el mundo a causa de este mal.

Según el WCRF, en promedio, la gente consume diariamente 43% más sal de la que se recomienda: 6 gramos. Según la mencionada organización, el 75% de la sal que comemos proviene de alimentos procesados, mientras que el otro 25% es añadido cuando preparamos los alimentos o ya cuando están en la mesa. Por esta razón, el WCRF está buscando que se establezca un sistema estandarizado de etiquetado para hacer más claro al consumidor la cantidad de sal, grasa y azúcar que contiene un producto.

    Colorantes en gaseosas y golosinas producen alergias, urticaria y rinitis



    Las etiquetas de los productos comestibles industrializados deben advertir sobre los riesgos para la salud que representa el consumo frecuente de ciertos insumos como azúcar, sodio y colorantes como la tartrazina, señaló hoy el decano del Colegio de Nutricionistas del Perú, Oscar Roy Miranda.
    Indicó que si bien los productos envasados cuentan con tablas informativas en los empaques, en el caso de los colorantes y preservantes solo se consigna información técnica sin mencionar si pueden ser nocivos para la salud.
    TARTRAZINA
    Roy Miranda dijo, a modo de ejemplo, que ello ocurre con el colorante amarillo denominado tartrazina, utilizado en la producción de bebidas gaseosas, rehidratantes, refrescos, postres y golosinas diversas.
    Explicó que la tartrazina puede ocasionar reacciones alérgicas, como urticaria, edema y rinitis, entre otras, en las personas que la ingieren, siendo más vulnerables los niños y las personas que padecen de asma.
    En la medida que el inicio del consumo sea a temprana edad, los procesos alérgicos serán más intensos, porque el sistema inmunológico de los menores está en proceso de formación y es más susceptible a sustancias químicas como la tartrazina.
    Indicó que existen productos, como algunas bebidas gaseosas y golosinas, que sí especifican que tienen tartrazina, pero no advierten el riesgo que puede generar a la salud su ingesta frecuente.
    SOBREPESO
    El decano sostuvo que la alta concentración de azúcar, sal y grasas saturadas o trans en los alimentos industrializados y su consumo frecuente provocan sobrepeso, obesidad, colesterol y triglicéridos altos que devienen luego en enfermedades como la diabetes, problemas cardiovasculares, daño a la retina e insuficiencia renal, e incluso cáncer.
    Por ello, remarcó que el Colegio de Nutricionistas del Perú apoya el proyecto de ley que propone regular la publicidad de los alimentos industrializados, dado que mediante la promoción y el marketing se induce de diversas maneras a consumir productos no saludables.
    “Los niños son los más vulnerables porque se les ofrece adicionalmente juguetes, láminas u otro producto coleccionable, lo cual hace muy atractivo el consumo de la comida procesada”, expresó.

      Consumir mucha azúcar nos haría perder la memoria



      Una dieta rica en endulzantes artificiales altera a largo plazo la capacidad del cerebro de aprender y recordar información .
      Alimentarnos con una dieta rica en productos azucarados tendría consecuencias graves para nuestra capacidad cerebral. Según un estudio realizado en Estados Unidos, consumir de manera habitual alimentos procesados y ricos en azúcar produce alteraciones en la memoria y el aprendizaje.
      La investigación se basa en los efectos que tienen cierto tipo de alimentos en nuestro organismo. “Lo que comemos afecta nuestra capacidad de pensar”, explica el autor del trabajo Fernando Gómez-Pinilla, docente de la Universidad de California en Los Ángeles.
      Según publica la web española ABC, citando el estudio difundido por Journal of Physiology, la prueba se realizó en ratones. A estos se les suministró “un tipo de jarabe de maíz, rico en fructosa y seis veces más dulce que el azúcar de caña, que se añade de forma habitual a los alimentos procesados, como las bebidas gaseosas, condimentos y alimentos para bebés”.
      El jarabe de maíz de alta fructosa es un endulzante líquido que se usa en la fabricación de alimentos y bebidas. Está presente en numerosos productos como gaseosas, bebidas de fruta, bebidas deportivas, productos horneados, caramelos, mermeladas, yogures, condimentos, alimentos enlatados y empacados y otros alimentos endulzados.
      El estudio precisó que la fructuosa utilizada no era la de tipo natural que está presente en muchas frutas y contienen también importantes antioxidantes.
      EL ESTUDIO
      Los ratones fueron divididos en dos grupos, a ambos se le suministró distintos niveles de fructosa durante seis semanas, pero un grupo de ellos también recibió ácidos grasos como el omega-3, “que protegen contra el daño que se produce en la sinapsis (las conexiones químicas entre las células cerebrales que benefician la memoria y el aprendizaje)”.
      “Antes del estudio, todos los animales eran capaces de navegar por un laberinto, que contenía numerosos agujeros, pero sólo una salida. Los científicos colocaron puntos de referencia visuales en el laberinto para ayudar a las ratas a aprender y recordar el camino”.
      Luego de seis semanas, el segundo grupo recorría en laberinto mucho más rápido y recordaban mejor el camino. El otro grupo de ratas, aquellas que no recibieron los ácidos grasos, se mostraron más lentas y sus cerebros mostraron una disminución en la actividad de las neuronas.